Cómodamente instalados en el monovolumen más grande de la firma gala, no hay viajes largos: todo en él ayuda a que el trayecto sea realmente placentero y a que los recorridos parezcan más cortos.
Pensado al detalle, cada espacio en su amplio interior cuenta con elementos de confort y seguridad que lo convierten en el habitáculo ideal para familias numerosas. Y, como si fuera poco, cada milímetro del paisaje se disfruta intensamente gracias a sus grandes superficies acristaladas.
Por fuera
Su exterior es Citroën hasta la médula. El frente es una carta de presentación imponente, con el logo de la marca extendiéndose por medio de barras cromadas hasta los faros y dando mayor prestancia a la parte delantera.
Con rasgos fluidos y aerodinámicos, el Grand C4 Picasso posee grandes superficies acristaladas que permiten a sus ocupantes disfrutar al detalle de cada imagen exterior.
El soberbio parabrisas mide 2,61 m2, y la visión que ofrece se extiende a sus laterales, convirtiéndose en una delicada caja transparente que ofrece una visión panorámica. Si nos dejamos abrazar lo suficiente, las fronteras de “adentro” y “afuera” se desdibujan, convirtiéndonos en parte del paisaje.
Por dentro
Todo en su interior fue pensado al límite de lo obsesivo en pos de la funcionalidad. Y, dejando de lado las características psicológicas de sus diseñadores, podemos afirmar que cada elemento ha sido puesto en su justo lugar; brindando una excelente habitabilidad del vehículo, practicidad y sensación de confort. La climatización se divide en cuatro zonas, haciendo que las cuestiones de temperatura al interior del vehículo no sean tema de discusión familiar.
Cuenta con gavetas, guanteras y portaobjetos de todos los tipos y formato, y los materiales son una delicia: excelente calidad, colores tenues y tapicería tipo piel con terminaciones exquisitas dan a su interior un halo de sobriedad.
El volante multifunción permanece fijo en el centro, sobre la parte superior se encuentran las luces testigo, de faros encendidos como de indicadores de giro. También encontramos cerca y como palanca satélite, el mando de la caja de velocidades –automática- y las levas hacia ambos lados del volante para poner en acción la caja cuando se encuentra en posición manual.
La modularidad del mayor volumen de Citröen es práctica y sencilla, sólo requiere de plegar los asientos traseros, ocultando bajo el piso la tercera fila. A su vez, las configuraciones posibles son numerosas, ya que cada una de las butacas tiene una configuración individual, teniendo en cuenta las necesidades de los moradores del vehículo. Las chicas pueden hacerlo sin esfuerzo y no hace falta ser levantadora de pesas federada: rápido, sencillo e intuitivo.
La capacidad del baúl depende de la configuración elegida para los asientos. Si el pasaje va completo, la capacidad de carga será algo escueta (208 dm3) pero si un par se demoran a la salida del Grand C4, el baúl alcanzará de sobra (600 dm3). Si sólo quedaran conductor y acompañante, contarían con un amplio baúl de 1951 dm3.
Al volante
Se obtiene una posición de manejo óptima gracias al ajuste de la profundidad del volante y el control de posición de la butaca eléctrica que permite ubicar al conductor de forma cómoda. Sus asientos calefaccionados brindan la posibilidad de memorizar al menos dos posiciones de manejo.
En cuanto a la seguridad, la Grand C4 Picasso se lleva una buena nota. No mezquina airbags: frontal para conductor y pasajero, laterales delanteros y tipo cortina. Cuenta con ABS con repartidor electrónico de frenado, ayuda al frenado de emergencia, control dinámico de estabilidad ESP y ayuda al estacionamiento trasero. Todos los asientos tienen apoyacabezas, cinturones de tres puntos y gavetas personales.
El tablero nos pareció moderno, pero poco práctico a la hora de su lectura. Los gráficos, que bien podrían resultar innovadores, se transforman en complejos al momento de interpretarlos.
Sensaciones de manejo
Con un motor naftero de 2.0L y una potencia de 143 CV (6.000 rpm) en la versión que probamos, alcanza una aceleración de 0-100km/h en 13,0 seg.
Guardamos para el final el gran talón de Aquiles del C4 Grand Picasso: su transmisión automática, lenta y de cuatro marchas, no es una gran aliada para llevarlo de manera ágil. Habría que pisar duramente el acelerador, pero los consumos se disparan excesivamente, algo comprensible si tenemos en cuenta su cilindrada.
Las suspensiones se hacen sentir en las calles de la city porteña, donde los baches le dan un toque de “sequedad”. Por su tamaño, es fundamental el radio de giro, que acompaña a la hora de estacionar en lugares reducidos, los sensores están presentes de manera fundamental.
La autopista es el escenario donde mejor brilla esta estrella. Si el tránsito es acotado se pueden obtener curvas de consumo lógicas. A una velocidad de 130 km/h tiene un consumo de 9,2 km/l. En ciudad tiene una autonomía de 444 km a razón de 7,4 km/l y en el mix ciudad/ruta son 10,0 los km/l. Si vamos a pisarlo eventualmente, la caja no da la esperada respuesta y hace que la autonomía decaiga abruptamente.
Balance final
La garantía –un año sin límite de kilómetros– es muy acotada y no se condice con la categoría del vehículo. Si comparamos su precio, que ronda los $ 164.000, con su rival directo, el Renault Grand Scénic, le saca ventaja en cuanto a equipamiento, amplitud y comodidad interior.
Para quien disponga de esa suma de dinero, las opciones son variadas y contará con un amplio abanico para elegir entre ellas. En cualquier caso, la familia estará agradecida, y el ego se mantendrá bien alto.